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El estudio más prolongado que se haya realizado sobre los efectos del tabaco en la salud señaló que los fumadores de cigarrillo viven, en promedio, diez años menos que los no fumadores.

El estudio reveló que dejar de fumar a cualquier edad trae beneficios para la salud.

Sin embargo, también mostró que dejar el hábito, incluso a los 60 años, puede aumentar las expectativas de vida.

La investigación – publicada en el British Medical Journal (BMJ) – comenzó hace 50 años cuando por primera vez se estableció el vínculo entre el tabaco y el cáncer de pulmón.

Un total de 34.439 doctores nacidos entre 1900 y 1930 fueron escogidos para participar en el estudio. Se les consultó sobre su relación con el cigarrillo en 1951 y se les siguió contactando periódicamente durante las siguientes décadas.

Menos cigarrillos, más años
Al analizar los resultados del estudio se encontró que los no fumadores vivieron, en promedio, diez años más que quienes fumaron la mayor parte de sus vidas.

Los fumadores tenían por lo menos el doble de probabilidades de morir antes de lo 70 años que los no fumadores.

El estudio también reveló que dejar de fumar a cualquier edad trae beneficios para la salud.

Encontró, por ejemplo, que quienes dejaron el cigarrillo a los 30 años vivieron tanto como los hombres que nunca adquirieron el hábito.

Y los que renunciaron al tabaco a los 40 años vivieron apenas un año menos.

El profesor Sir Charles George, director médico de la Fundación Británica del Corazón, destacó la importancia del estudio.

“Es una clara prueba de los efectos perjudiciales del tabaco…Tanto para las enfermedades del corazón como para el cáncer los beneficios de dejar el cigarrillo son evidentes”.

El consumo de tabaco está en aumento en los países en vías de desarrollo.

Desde que el estudio comenzó, el cigarrillo ha provocado la muerte de 100 millones de personas en todo el mundo.

fuente : http://www.terra.com/salud/articulo/html/sal3659.htm?SUM=sumarios

Obesidad y pobreza: marco conceptual para su análisis en latinoamérica


Introducción

El estado nutricional es definido como la disponibilidad y utilización de nutrientes y energía a nivel celular. Así, la situación nutricional es normal cuando la oferta de nutrientes a través de la alimentación se corresponde con las necesidades metabólicas normales y sus variaciones (anabolismo/catabolismo) inducidas por sobrecargas fisiológicas, ocupacionales y patológicas. Esto conduce a dos alternativas posibles:

1. Si la disponibilidad de energía y nutrientes es inferior a las necesidades, tendremos como resultado el desarrollo de enfermedades carenciales / malnutrición por defecto;

2. Si la oferta excede las exigencias biológicas, con valores superiores a los niveles tolerables, tendremos como resultado el desarrollo de patologías por excesos nutricionales / malnutrición por exceso, con destaque para la obesidad por ser la principal epidemia de los tiempos modernos (Batista Filho, 2003).

Se puede definir la obesidad como un exceso de grasa corporal (tejido adiposo), acompañado por un aumento en la relación entre el peso y la estatura, en la frecuencia de algunas enfermedades y mortalidad de las personas que la padecen. Operativamente, puede considerarse la obesidad como la condición en la cual el Índice de Masa Corporal es mayor que 30. La obesidad se asocia a un exceso en el número de adipositos, a un desproporcionado tamaño de los mismos, o a ambos procesos. El número final de adipositos queda establecido al término de la adolescencia (Hodalgo y col., 2002).

La obesidad tiene una etiología multifactorial. Es el resultado de la conjunción de factores biológicos, genéticos y ambientales. En general, los factores determinantes más estudiados de la obesidad están relacionados con el estilo de vida, especialmente el binomio alimentación y actividad física (Ferreira y Wanderley, 2009). La obesidad no debe ser considerada únicamente como un disturbio producido por el desequilibrio entre las necesidades energéticas y la alimentación, si no como un disturbio nutricional que puede coexistir con deficiencias de micronutrientes y otras enfermedades carenciales, particularmente en los grupos socioeconómicos más vulnerables. La asociación de la obesidad con el nivel socioeconómico, y otros factores como el género, edad y etnicidad es compleja y dinámica (Peña y Bacallao, 2006). El presente artículo se propone analizar la complejidad de la asociación entre obesidad y nivel socioeconómico, desde una perspectiva de salud pública, de forma tal que su comprensión en la región se refrita en investigaciones que ayuden a profundizar los efectos al compararse realidades diferentes.

Magnitud del Problema y Tendencias

Estudios en el mundo entero muestran una tendencia creciente en las prevalencias de obesidad y sobrepeso. El aumento progresivo y acelerado es observado tanto en países o regiones desarrollados como en desarrollo, en ambos sexos y en todos los grupos de edad. Referido a la edad, los estudios reflejan que, en general, existe un pico en la edad adulta, y una incidencia menor en la niñez y la adolescencia (Peña, 2001; Eberwine, 2002, p. 1).

La obesidad ha alcanzado proporciones de una epidemia global. Las tasas de obesidad, como mínimo, se han triplicado desde 1980 en algunas partes de América del Norte, Europa del Este, Oriente Medio, las Islas del Pacífico, Australia y China. La región latino-americana no está ajena a esta tendencia y el aumento en las cifras de obesidad se ha hecho más evidente a medida que los países mejoran su ingreso económico. La evolución de la obesidad ha sido observada en países como Chile, México, Brasil, Argentina, Perú, Colombia, Guatemala y Bolivia (Peña y Bacallao, 2001, 2005).

En Brasil, por ejemplo, estudios nacionales realizados en los años 1974-1975 y 1989 indicaron un aumento en las prevalencias de obesidad de 2% a 5% y de 7% a 12%, en hombres y mujeres, respectivamente. Si consideramos el último de los anteriores estudios, 6,8 millones (8%) de individuos adultos presentaron obesidad y cerca de 27 millones (32%) presentaron algún grado de exceso de peso. De estos, aproximadamente 11 millones eran hombres y 16 millones mujeres, correspondiendo a porcentajes en torno de 27% y 38% de la población masculina y femenina, respectivamente. La prevalencia del agravo más acentuado en el grupo femenino, fue especialmente más fuerte en las mujeres de baja renta (Ferreira y Magalhães, 2006).

Estudios nacionales realizados en los años 1988 y 1999 en México demostraron que la prevalencia de obesidad en su población adulta femenina aumentó de 9,4% a 24,4% (Rivera y col., 2002, p. 123). Tendencias similares a la anterior se han observado en Costa Rica, Barbados y algunas otras ciudades del Caribe. Una característica común encontrada son las altas tasas de obesidad en mujeres de bajos ingresos y el aumento de la obesidad en niños menores de cinco años de las ciudades más pobres (De Onis y Blössner, 2000, p. 1032).

Los estudios realizados en Chile también apuntan un aumento alarmante en las cifras de obesidad. Los datos nacionales, utilizando como indicador el Índice de Masa Corporal de acuerdo a los patrones CDC, muestran un aumento en las prevalencias que pasaron de 6% en 1987 a 18% en 2000 (Uauy y col., 2001, p. 893S).

Considerando el nivel socioeconómico, varias investigaciones han mostrado una tendencia ascendente de las diferencias sociales en la obesidad, principalmente en mujeres. Este fenómeno, de extraordinaria importancia para la epidemiología y la salud pública, nos sitúa ante un problema de desigualdad social complejo, en el que se entremezclan factores sociales y, probablemente, biológicos, y en el que la desventaja de pertenecer a un grupo de bajo nivel socioeconómico y de ser mujer tiene consecuencias importantísimas para la salud (Gutiérrez Fisac y col., 1996, p. 351; Peña y Bacallao, 2005).

El aumento acelerado de las cifras de obesidad en la región, ha resultado en un consenso internacional que coloca la enfermedad como un importante problema de salud pública cuyo estudio se justifica por las siguientes razones (Peña y Bacallao, 2005)

• La ganancia de peso corporal está asociada a un aumento de la morbilidad y mortalidad. La obesidad es un factor de riesgo de varias enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la nutrición (ECNT), algunas de las cuales son causa importante de muerte en adultos, por ejemplo, la enfermedad isquémica del corazón, la diabetes mellitus no insulinodependiente o de tipo II (DMNID), la hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer, la osteoartritis y la osteoporosis, además de otras enfermedades crónicas como colecisto litiasis, enfermedades osteomusculares, respiratorias y psicológicas.

• Resulta muy difícil mantener la pérdida de peso en personas con sobrepeso.

• Las medidas para prevenir la obesidad, especialmente las que tienden a mejorar la calidad de la alimentación y incrementar la actividad física sistemática, coinciden en gran parte con las medidas para prevenir otras ECNT.

• La obesidad es un indicador útil para la vigilancia, pues es fácil detectarla mediante las mediciones antropométricas tradicionales.

 

 Factores que Justifican la Tendencia de Aumento de la Obesidad

El incremento tan abrupto de la obesidad que ha ocurrido en las últimas décadas, así como su gran extensión, obedece principalmente a cambios importantes en la alimentación de la población, al patrón de actividad física y a otros factores de índole sociocultural (Peña y Bacallao, 2001, p. 75). Estos aspectos pueden ser abordados de la siguiente manera:

I – Cambios más relevantes en los patrones alimentarios (Peña y Bacallao, 2001, p. 75; Figueroa Pedraza, 2003; Popkin, 1998, p. 5)

• Alto consumo de alimentos de alta densidad energética y bajo contenido de nutrientes.

• Alto consumo de azúcares y carbohidratos refinados.

• Alto consumo de grasas, principalmente saturadas, ácidos grasos trans y colesterol.

• Alto consumo de bebidas alcohólicas.

• Pobre consumo de vegetales y frutas frescas.

• Pobre consumo de carbohidratos complejos y fibra.

• Aumento del tamaño de las raciones de alimentos, especialmente en restaurantes y “cadenas de alimentos rápidos”.

• Aumento del consumo de alimentos procesados que conllevan a un aumento del consumo de carbohidratos simples (principalmente azúcar), aumento del consumo de grasas (principalmente saturada) y disminución en el consumo de carbohidratos complejos y fibra.

II – Reducción de la actividad física (Peña y Bacallao, 2001, p. 75; Popkin, 2000; Popkin, 2001, p. 871S)

• Reducción del trabajo físico debido a adelantos tecnológicos.

• Uso cada vez mayor de transporte automotor.

• Automatización de los vehículos y reducción del gasto energético en la operación de maquinarias y vehículos (cierre y ventanillas electrónicas, por ejemplo).

• Uso de ascensores y “escaleras rodantes”.

• Reducción del tiempo dedicado a jugar al aire libre, por inseguridad, por ejemplo, y preferencia por juegos electrónicos y la televisión.

III – Aspectos socioculturales (Peña y Bacallao, 2001, p. 75)

• Comprensión de la obesidad como expresión de salud y no de enfermedad.

• Comprensión de la obesidad como sinónimo de afluencia en algunas culturas.

• Aceptación de la obesidad como expresión del patrón cultural de belleza influenciado por los medios de comunicación.

IV – Procesos de transición asociados a los anteriores factores (Popkin, 2001, p. 871S)

• Transición demográfica.

• Transición epidemiológica.

• Transición nutricional.

La transición demográfica es un proceso por el que atraviesan o han atravesado casi todos los países del mundo. Se refiere al transito de un régimen caracterizado por niveles de mortalidad y fecundidad elevados, y sin control, a otro de niveles bajos y controlados, acompañados por un aumento de la esperanza de vida (Popkin, 1998, p. 5)

La transición epidemiológica enfoca el cambio en los patrones de salud y enfermedad. Se refiere al transito de poblaciones con altas prevalencias de enfermedades infecciosas, por pobres condiciones ambientales, a poblaciones con predominio de enfermedades crónicas. El proceso de transición epidemiológica está condicionado por la transición demográfica, por cambios socio-económicos y por el proceso de urbanización-modernización (Rivera y col., 2002, p. 123; Popkin, 2000; Albala y Vio, 2006).

La transición nutricional describe los cambios en el régimen alimentario, en el patrón de trabajo, en la actividad física y en el tipo de recreación. Se refiere al transito de poblaciones con altas prevalencias de desnutrición a poblaciones con predominio de enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la nutrición. El proceso de transición nutricional está condicionado por las transiciones demográfica y epidemiológica, por los cambios socio-económicos, como el aumento de los ingresos, por el proceso de urbanización-modernización, por cambios en las características de ocio y trabajo (avance tecnológico) y por la influencia de los medios de comunicación de masas y el marketing de alimentos3 (Popkin, 1998, p. 5; Popkin, 2000; Popkin, 2001, p. 871S).

 Breve Caracterización de la Obesidad en la Pobreza

La pobreza es aquella situación en la cual la población padece escasez de recursos y un acceso limitado y dependiente a los mismos, existe cuando los individuos o grupos no están en condiciones de satisfacer adecuadamente sus necesidades básicas: alimentos, vida social y cultural, educación primaria, salud, condiciones y ambiente favorable para la vida (vestimenta, habitación, agua, aire, etc.). En términos económicos, se puede considerar como medida de la pobreza la capacidad de comprar dos canastas básicas de alimentos con la renta devengada. Así, la pobreza normalmente se acompaña de hambre, malnutrición, desigualdad einjusticia social

A pesar de que la pobreza normalmente está relacionada con aspectos económicos, su abordaje es mucho más complejo. Es conocido que para la erradicación de la pobreza no basta con el crecimiento económico de un país. Existe un punto en el cual los aumentos en el crecimiento no logran disminuir las condiciones de pobreza de la población. Desde este punto de vista se puede distinguir entre pobreza coyuntural y pobreza estructural (López, 2007).

La pobreza coyuntural es aquella que depende de las condiciones de producción y empleo de la economía; por lo tanto, en periodos de auge económico la demanda de trabajo aumenta, y en consecuencia, tanto el nivel de salarios, como el empleo crecen, generando beneficios sociales en términos de los ingresos familiares y la disminución de la pobreza. La pobreza estructural es aquella que no tiene una correlación importante con el crecimiento económico. En general, la explicación tiene que ver con la particularidad que tienen las características del mercado de trabajo, las características psicosociales, y de capital social, entre otros aspectos, de los “pobres estructurales” que quedan atrapados en círculos viciosos de pobreza con condiciones que se retroalimentan y empeoran su situación en el tiempo. Entre estas condiciones se encuentra el trabajo infantil, analfabetismo, desnutrición, criminalidad, calificación y desplazamiento forzado. De esta manera, queda claro la complejidad del problema, haciendo con que ninguna forma de crecimiento logra absorber la pobreza estructural, por lo que se hace necesario esbozar políticas especiales para esta población.

En este sentido, la propuesta debe considerar la importancia del desarrollo social o humano, principalmente en las regiones, y para las personas que tienen carencias en sus condiciones de vida. Este desarrollo social se consolida en términos del acceso a otros bienes y servicios como educación, salud, vivienda, etc. Para esto, es necesario que se realicen inversiones en infraestructura, productividad, vías de comunicación y en sectores económicos clave como la construcción (para aumentar la demanda, la producción y el empleo) y que se desarrollen programas de alimentación y de acceso a bienes y servicios menos costosos (López, 2007; Robison y col., 2003).

Es por eso que el tratamiento académico y los programas y proyectos del estado para disminuir la pobreza y aumentar las condiciones de vida de la población, deben partir de una adecuada caracterización conceptual de la pobreza, del desarrollo social, del crecimiento y de la inequidad, como variables que pueden ser independientes en una economía (Robison y col., 2003). Creemos que esta concepción es aplicable en el contexto del presente trabajo, pues la erradicación de la obesidad en la pobreza debe entender la complejidad de esta última que, tal vez, se traduzca también en la complejidad de la relación entre la obesidad y el nivel socioeconómico.

Los estudios epidemiológicos más antiguos que consideraban los determinantes sociales de la salud enfocaban, principalmente, las asociaciones entre la desnutrición y las enfermedades transmisibles con la pobreza. La obesidad y las enfermedades crónicas, eran relacionadas, principalmente, con el bienestar económico. Estas concepciones no tienen más vigencia en los días actuales, manifestándose una relación bastante compleja y multifactorial, tanto en los países desarrollados como subdesarrollados y de diferentes maneras (Peña y Bacallao, 2005; Albala y Vio, 2006).

La obesidad y la desnutrición coexisten en niños de las mismas regiones y estratos sociales, en las mismas familias (madres obesas y niños desnutridos) y aun en el mismo individuo (obesidad con retraso crónico de crecimiento) (Peña y Bacallao, 2005)4. En las áreas metropolitanas periféricas urbanas de los países subdesarrollados de la región es común encontrar familias pobres con un padre de baja talla, obeso, hipertenso y con antecedentes de desnutrición en la niñez; la madre anémica, probablemente obesa y de estatura baja, y hijos parasitados que padecen procesos infecciosos frecuentes y tienen retraso del crecimiento (Peña y Bacallao, 2005; Albala y Vio, 2006). Por eso, considerar la obesidad como una condición opuesta a la desnutrición y asociada a la opulencia, no solo es equivocado, sino que puede tener consecuencias graves sobre el abordaje de los problemas nutricionales (Peña, 2001; Gotthelf y col., 2004; Amador, 1996).

En los pobres, la obesidad se asocia a episodios de desnutrición en la edad temprana, incluso durante la vida intrauterina. Estas carencias generan una respuesta de adaptación al escaso aporte de energía que, en sucesivas etapas de mayores ingestiones, pueden producir como resultado un aumento de peso. En estos casos, la obesidad se relaciona con ingesta energética superior a las necesidades y deficiente en nutrientes esenciales, como aminoácidos y micronutrientes. Los pobres seleccionan alimentos pobres en fibras y ricos en carbohidratos complejos, azúcares y grasas (especialmente ácidos grasos trans, ácidos grasos saturados y colesterol) que, aunque les impiden gozar de una nutrición adecuada, satisfacen su apetito, se integran bien a su patrón de consumo tradicional y a sus pautas de comensalismo. El consumo de comidas rápidas, caracterizadas por una elevada densidad energética y baja calidad nutricional, presenta gran influencia en estos contextos. La salud de este grupo de obesos pobres se deteriora todavía más, dado su limitado acceso a los servicios adecuados de asistencia médica (Peña, 2001)1.

Los estudios entre las condiciones sociales y la obesidad indican una relación compleja y diferente en contextos socioeconómicos distintos. Las evidencias señalan tanto relaciones directas como inversas, indicando interacciones complicadas y múltiples entre el conjunto de factores biológicos, sociales, culturales, comerciales, etc. Peña y Bacallao (2005) resumen esta diversidad, manifestando que establecer conclusiones definitivas sobre la asociación entre la obesidad y la condición socioeconómica resulta muy difícil por dos razones: i) la asociación puede variar de un país a otro o de una región a otra en el mismo país, ii) la asociación puede estar confundida por factores culturales, ecológicos o sociales. Los autores indican que en algunos países de la región la asociación entre obesidad y condición socioeconómica se asemeja a la que exhiben los países desarrollados y que en otros la relación puede ser inversa. Adicionalmente, refieren que, probablemente, ese patrón variable de comportamiento se esté encaminando hacia un patrón de asociación inversa siguiendo el ritmo y modelo de transición epidemiológica y nutricional característico de cada país.

 Causas de la Obesidad en la Pobreza

La etiología multifactorial de la obesidad comprende el análisis de un conjunto de factores genéticos y metabólicos, socioculturales y simbólicos, psíquicos, ambientales y relacionados a los estilos de vida. La causa básica de la obesidad refiere el factor alimentario, caracterizado por una ingestión de energía mayor que el gasto energético, asociado a los nuevos estilos de vida (hábitos alimentarios y sedentarismo) (Ferreira y Wanderley, 2007; Batista Filho, 2003). Las características de la obesidad pueden ser diferentes entre individuos de distintos niveles socioeconómicos de un mismo país, así como también entre los individuos más pobres y más ricos de diversos países, sean éstos desarrollados o en desarrollo

Para poder analizar, de forma crítica, las diferencias anteriores, es importante que se tenga presente la acción de factores de diferente naturaleza:

Factores Alimentarios

Las poblaciones urbanas de diversos países han modificado su régimen alimenticio a expensas del aumento en el consumo de grasas, azucares y de la disminución en el consumo de fibra. Los precios elevados de las frutas, vegetales frescos y de otros alimentos de alta calidad nutricional, los hacen inaccesibles para los grupos de ingresos más bajos. Por su parte, la industria alimenticia favorece ese comportamiento al segmentar la oferta y comercializar productos masivos de mayor contenido en grasas, azucares y de baja calidad nutricional (deficientes en nutrientes esenciales). Además, estos alimentos se caracterizan por su alto poder de saciedad, sabor agradable y bajo costo. Todo esto hace con que estos alimentos sean socialmente aceptables y preferidos por los grupos más pobres (Batista Filho, 2003; Gutiérrez, 2004).

Factores Genéticos de Adaptación

Según la hipótesis del “genotipo de ahorro”, los obesos pobres podrían desarrollar un mecanismo de adaptación metabólica, en el cual las poblaciones expuestas a un consumo inadecuado o fluctuante de alimentos generan formas adaptativas para lograr un nivel alto de eficiencia en el uso de la energía y el depósito de grasa. Cuando esos grupos logran disponer de alimentos en forma regular y mantienen esas formas de adaptación, puede presentarse un aumento en los depósitos de grasa y, por consiguiente, exceso de peso. Esta teoría revierte especial importancia desde el punto de vista generacional, pues expresa los plausibles cambios que pueden darse en poblaciones de diferentes generaciones, manifestándose de forma más clara en algunos individuos cuando comparados con otros y pudiendo, aunque no necesariamente, estar asociado al nivel socioeconómico.

Desnutrición Intrauterina

La teoría de Barker hace referencia al impacto de las condiciones de vida intrauterina sobre la aparición de enfermedades en la vida adulta. Distingue que la nutrición que antecede y procede al nacimiento, así como experiencias adversas en el medio intrauterino, ejercen una influencia importante en el desarrollo futuro de enfermedades degenerativas, pues condicionan una mayor susceptibilidad a los factores ambientales dependientes de la alimentación y del estilo de vida. El autor enfatiza que un mal progreso fetal, evaluado por el peso al nacer, sería un preeditor del futuro desarrollo de obesidad, hipertensión, hiperlipidemias, alteraciones en la coagulación y mortalidad cardiovascular (Barker y col., 2002, p. 1235; Barker, 2004).

Factores Socioculturales

El ambiente violento, agresivo e inseguro que se vive principalmente en las zonas periféricas urbanas, impide que la población pobre tenga estilos de vida saludables. Esto dificulta la práctica de ejercicios físicos en forma sistemática y el derecho de recibir informaciones sobre nutrición, actividad física y salud. Las inequidades en el acceso a los mensajes de promoción de la salud, a la educación sanitaria y a los servicios adecuados de atención de la salud, impiden conocer la importancia de los cambios de comportamiento necesarios para lograr un modo de vida más sano. Por otra parte, en ciertas culturas primitivas, o poco desarrolladas, el sobrepeso es visto como un signo de prestigio social y de riqueza. Además, la acumulación excesiva de grasa, sobre todo en las mujeres, puede ser percibida como un signo de belleza y de atractivo sexual (Peña y Bacallao, 2005; Aguirre, 2006; Sobal y Stunkard, 1989, p. 260).

Aculturación a Distancia

La aculturación a distancia es un término que refiere el resultado del contacto de los países de América Latina y el Caribe con los patrones culturales de los países desarrollados, principalmente la influencia ejercida por la rapidez en los avances de la ciencia y de la industria de comunicación. Es un proceso en el cual la industria del consumo despierta en los individuos la necesidad de incorporar algunos elementos de la imagen proyectada y los impulsa a adoptar hábitos y modos de vida inadecuados. Los grupos más prósperos consiguen adaptarse más fácilmente a esos cambios. Por el contrario, los más pobres padecen el conflicto entre sus capacidades y la imagen ideal con la que se identifican (Peña y Bacallao, 2005; Popkin, 2000; Aguirre, 2006).

Género

El género es otro aspecto importante en la prevalencia de obesidad entre mujeres de poca condición socioeconómica. Las mujeres tienen oportunidades más limitadas, cargas sociales más pesadas, una imagen subvalorada de su cuerpo y, tradicionalmente, se encuentran subordinadas socialmente a los hombres. Todo esto representa un aumento de la susceptibilidad femenina al conjunto de influencias desfavorables relacionadas con la obesidad en la pobreza (Popkin, 2000; Aguirre, 2006).

Migración

Las migraciones de los pobladores rurales hacia las periferias urbanas y de países más pobres hacia otros en mejor situación, han producido cambios importantes en las condiciones y el modo de vida de dichos grupos. Este hecho relaciona la migración con la obesidad si consideramos que, en general, la tendencia de aumento de la obesidad en adultos a nivel mundial puede explicarse por el proceso de urbanización y aumento en la expectativa de vida, disminución del gasto energético relacionado con el avance tecnológico, la urbanización y el aumento progresivo en el consumo de grasa y de la densidad energética provenientes de alimentos industrializados más accesibles en el mercado. Por otro lado, cabe señalar que también muchos inmigrantes, huyendo de la pobreza o en la búsqueda de trabajo, pueden tener como destino lugares que no poseen la infraestructura urbana (agua, alcantarillado, habitación, etc.), social (educación y salud) y económica (oportunidades de empleo, abastecimiento alimentario, etc.) para absorberlos y proporcionarles condiciones dignas de vida (Popkin, 2000; Figueroa Pedraza, 2004a).

Factores Socioeconómicos

La asociación entre obesidad y condición socioeconómica ha sido confirmada a través de varios estudios en diferentes países. La relación se ha manifestado de forma variable y compleja, presentándose gradientes socioeconómicos heterogéneos y de acuerdo al ritmo y al modelo de transición epidemiológica y nutricional característicos de cada país. Así, la literatura refleja resultados en los cuales la condición socioeconómica y obesidad pueden estar relacionadas tanto de forma directa como de forma inversa. Por otra parte, se manifiesta, también, la importancia que el sexo ejerce en este contexto (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347; Rosengren y Lissner, 2008, p. 260).

 Relación entre Situación Socioeconómica y Obesidad en Diferentes Contextos

La relación entre la condición socioeconómica y la obesidad puede estar influenciada por el estadio de desarrollo social y económico de los diferentes países. En los países desarrollados de Europa y de América se ha encontrado, en casi todos los estudios, asociación inversa entre el nivel socioeconómico y la obesidad, independiente de la forma adoptada para evaluar la condición socioeconómica (nivel educacional, ingresos, ocupación laboral) (Song, 2006, p. 112). En los países en desarrollo los estudios han resultado tanto en asociaciones positivas como negativas. Los resultados cambian como consecuencia del nivel de desarrollo y del indicador de condición socioeconómica utilizado. En general, un menor nivel socioeconómico se ha asociado con mayor sobrepeso/obesidad en mujeres de países más desarrollados cuando se utilizan los indicadores educación y ocupación, mientras que la asociación positiva se ha establecido en mujeres de países con bajo y mediano desarrollo cuando se utilizan los indicadores de renta y bienes materiales (McLaren, 2007, p. 29).

A pesar de que muchos estudios muestren en sus resultados una relación directa entre la situación socioeconómica y la obesidad, varios autores indican la importancia de no considerar este hecho de forma aislada ni como una relación causal, pues la complejidad del proceso se asocia con su evolución temporal, implicando en cambios que pueden resultar en un mayor predominio de la obesidad en las clases más pobres, principalmente entre las mujeres. Así, por el contrario, la asociación directa entre el nivel socioeconómico y la obesidad, parece apoyar la hipótesis de que la transición en el desarrollo económico está acompañada de cambios en el estilo de vida (patrones alimentario y de actividad física) que pueden explicar esa asociación. Con el desarrollo socioeconómico desaparecen los factores que protegen a los pobres contra la obesidad (desaparece la escasez de alimentos y el gran gasto energético de los más pobres) mientras que se mantienen y fortalecen los que protegen a las clases de mayor poder adquisitivo (las personas con mejores condiciones económicas adquieren alimentos más apropiados y conservan valores culturales relacionados al cuidado del cuerpo como símbolo de status social) (Rosengren y Lissner, 2008, p. 260; Pinheiro y col., 2004, p. 523; Song, 2006, p. 112).

Por otro lado, Song (2006) reflexiona sobre la forma de interpretar esos resultados, indicando que un aspecto metodológico fundamental en cualquier estudio sobre obesidad y condición socioeconómica es la conveniencia de ajustar algunos factores (el consumo y el gasto energético funcionan como mediadores, por lo que no se deben ajustar en estos tipos de estudios) para lograr resultados no sesgados. Como ejemplo, cita la actividad física (tiempo libre y tiempo dedicado a alguna actividad física), estrechamente relacionada con el nivel de gasto energético.

De lo anteriormente expresado podemos concluir que encontramos dos perfiles diferentes al estudiar las relaciones entre obesidad y situación socioeconómica:

I – Asociación directa en la cual los individuos de mayor nivel socioeconómico tienen, en general, una mayor frecuencia de obesidad.

II – Asociación inversa en la cual los individuos de menor nivel socioeconómico tienen, en general, una mayor frecuencia de obesidad.

Explicaciones de la Asociación Directa entre Obesidad y Condición Socioeconómica

La mayor frecuencia de obesidad en las clases sociales altas, principalmente en los países en desarrollo, puede ser explicada por dos factores (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347; Song, 2006, p. 112):

1. Económico: La menor disponibilidad de alimentos en los países en desarrollo, que afecta los niveles socioeconómicos más bajos, produce una eficiencia metabólica que puede resultar en un cúmulo excesivo de grasa en relación al ingreso energético por exposición a condiciones favorecidas con el desarrollo socioeconómico (cantidad suficiente de alimentos y trabajos menos intensos).

2. Cultural: Se relaciona con la valoración social de la obesidad cuando el sobrepeso es visto como un signo de prestigio social, riqueza, belleza y atractivo sexual, estos dos últimos sobre todo en las mujeres.

Explicaciones de la Asociación Inversa entre Obesidad y Condición Socioeconómica

Muchos son los factores que influyen en la asociación inversa nivel socioeconómico – obesidad, presente tanto en los países desarrollados como en aquellos en desarrollo. Estos podrían ser agrupados de la siguiente manera (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347; Pinheiro y col., 2004, p. 523; McLaren, 2007, p. 29):

1. Principales factores implicados en el metabolismo graso (principales componentes del balance energético): Potenciales moderadores de la relación nivel socioeconómico – obesidad

1.1. Ingreso: Ingreso energético

1.2. Gasto: Ejercicio físico

2. Sexo y edad: Refiere las variaciones (resultados (in)consistentes) sobre la magnitud del problema cuando abordadas estas variables

3. Movilidad Social (cambio del nivel socioeconómico de los individuos a lo largo de su ciclo vital): Único factor en el que la obesidad modifica (reduce) el nivel socioeconómico

4. Otros factores

4.1. Culturales

4.2. Psicosociales

4.3. Herencia

4.4. Efectos de la urbanización y de la industrialización en los estilos de vida de las poblaciones rurales

Ingreso Energético

La importancia del ingreso energético en el peso corporal es innegable. La acumulación de grasa en el organismo está mediada por el ingreso y el gasto energético. Un aumento del ingreso y/o un descenso del gasto energético producirá un aumento de la grasa en el organismo (Batista Filho, 2003).

Sin embargo, estudios en humanos, basados en datos poblacionales, muestran resultados inconsistentes relacionados al hecho anterior. Estudios de base individual no han conseguido establecer una relación entre el ingreso energético auto-referido y el peso corporal. En relación al contenido de grasa en la dieta grasa y el peso corporal tampoco se ha establecido una asociación clara a través de estudios epidemiológicos. Por su parte, estudios ecológicos y ensayos clínicos randomizados han mostrado la reducción del peso como consecuencia de restricción energética y de disminución del contenido de grasa en la dieta (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347; Lissner y Heitmann, 1995, p. 79).

Estas inconsistencias en la asociación entre el ingreso energético y la obesidad han sido atribuidas a varias causas, entre las que se destacan: i) la posibilidad de que los instrumentos disponibles para evaluar el consumo de alimentos en estudios epidemiológicos no sean los más adecuados, la disponibilidad de datos adecuados continúa siendo la principal restricción en los métodos de evaluación del consumo de alimentos; ii) la dieta medida en estudios epidemiológicos puede no representar el consumo a largo plazo, ya que, aun tratándose de estudios longitudinales, el consumo de alimentos se mide en determinados momentos, olvidando ciertos cambios que pueden influir en el peso; iii) la importancia de cierta predisposición individual en la asociación ingreso energético-obesidad (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347; Pérez Rodrigo, 1994; Figueroa Pedraza, 2004b, p. 69).

Por lo tanto, puede afirmarse la necesidad de más estudios epidemiológicos con diseños adecuados que posibiliten verificar la influencia del contenido energético de la alimentación en la relación nivel socioeconómico – obesidad.

Ejercicio Físico

El balance energético es una función del ingreso (componente anterior) y el gasto energético. Varios factores como la tasa metabólica basal, la termogénesis y la actividad física determinan el gasto energético y, por lo tanto, influyen en la cantidad de grasa acumulada por el organismo. Dos razones hacen centrar la atención en el ejercicio físico cuando de gasto energético se trata. En primer lugar, la tasa metabólica basal y la termogénesis son factores de difícil medición en estudios poblacionales; en segundo lugar, la actividad física es el componente más variable del gasto energético por lo que su reducción produce un aumento de la grasa acumulada en el organismo (Batista Filho, 2003; Lissner y Heitmann, 1995, p. 79; Sichieri y col., 1994, p. 793).

Los individuos que realizan más ejercicio físico tienen un peso corporal menor, incluso controlando el efecto de otros factores con influencia sobre la obesidad. Cuando colocamos el nivel socioeconómico, también como variable de análisis, se observan claras diferencias en la actividad física; los individuos de más alto nivel socioeconómico son los que realizan más ejercicio físico (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347).

Sexo y Edad

A pesar de que son necesarios más estudios para clarear la naturaleza exacta de la relación entre la situación socioeconómica y la obesidad, considerando las variaciones por sexo y edad, la asociación inversa ha sido conclusiva en revisiones sistemáticas sobre el tema (Shrewbury y Wardle, 2008, p. 275; Ball y Crawford, 2005, p. 1987; Monteiro y col., 2004, p. 940) para las siguientes condiciones:

• En los países desarrollados, la obesidad está inversamente relacionada con el nivel socioeconómico en mujeres, y de forma menos consistente en hombres;

• En los países subdesarrollados, los estudios han reportado conclusiones más firmes, apuntando la asociación inversa, para el caso de las mujeres, en el caso particular de los hombres emergen resultados más inconsistentes;

• El estadio de desarrollo (Producto Interno Bruto) de cada país influencia la mayor o menor probabilidad de encontrar resultados indicando asociación inversa, siendo la probabilidad mayor en los países más desarrollados (mayor Producto Interno Bruto);

• El cambio de asociación directa para asociación inversa, ocurre en una fase anterior del desarrollo económico (menor Producto Interno Bruto) para el caso de las mujeres con bajo nivel socioeconómico cuando comparado con los hombres;

• A pesar de estudios que indican relación inconsistente entre el nivel socioeconómico y la adiposidad infantil, los resultados constatan una relación predominantemente inversa.

Movilidad Social

El concepto de movilidad social surge a la luz de estudios que indican que la obesidad es un estigma que produce discriminación social, haciendo que los individuos más obesos desciendan en la escala social, o sea, existencia de un mecanismo en el cual la obesidad ejerce un efecto negativo sobre la clase social. De esta manera, la relación de la obesidad con la condición socioeconómica, además de compleja y multifactorial, también se muestra bi-direccional: el bajo nivel socioeconómico determinaría el aumento de la prevalencia de obesidad, en cuanto la alta prevalencia de obesidad contribuiría para una disminución del nivel socioeconómico, por limitaciones funcionales, estéticas y culturales. Como resultado de la movilidad social, las mujeres que cambian su clase social muestran prevalencias de obesidad del grupo que adhieren, asociación que no se encuentra en los hombres. Algunos estudios también muestran que la presencia de obesidad en la adolescencia puede producir consecuencias sociales en la edad adulta, como una menor frecuencia de casamientos, menores ingresos y menor escolaridad, particularmente en el sexo femenino (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347; Parsons y col., 1999, p. S1).

Factores Culturales

Algunos trabajos han intentado penetrar en las representaciones sociales, dimensiones simbólicas y culturales que el cuerpo – obesidad y desnutrición – tiene como expresión física del estado nutricional. El cuerpo representa una categoría responsable por el acceso al mundo, donde está presente el aspecto existencial, el modo de ser y de manifestarse en el mundo (Tonial, 2001).

Existen dos visiones bastante diferentes relacionadas a la obesidad. En las sociedades más atrasadas el sobrepeso es visto como un signo de prestigio social y de riqueza. En las sociedades desarrolladas la obesidad es un estigma asumido que coloca una correlación negativa entre peso y satisfacción (a mayor peso, mayor insatisfacción personal con el cuerpo). De esta forma, la opinión acerca del sobrepeso varía con el nivel socioeconómico y tiene, por lo tanto, una gran influencia en la relación nivel socioeconómico-obesidad. Los individuos de mayor nivel socioeconómico son los que con más frecuencia creen que su peso está por encima del ideal, aun teniendo un peso dentro del rango de lo normal (Aguirre, 2006; Tonial, 2001).

Toda esta evidencia ha llevado a sugerir la hipótesis de que la existencia de presiones familiares y sociales para mantener una imagen corporal aceptable y acorde con los valores sociales dominantes es responsable, en parte, de la distribución social de la obesidad (Gutiérrez Fisac, 1998, p. 347). Este hecho se refuerza si se realizan consideraciones de género. Las normas culturales hacen a las mujeres victimas de un proceso de segregación urbana, que limita sus oportunidades de actividad y fuentes de estimulación cultural, y a su vez, disminuye el valor social de sus cuerpos, limitando su papel social únicamente a la procreación (Peña y Bacallao, 2006). Así, este fenómeno podría explicar también la desventaja del género femenino en la asociación nivel socioeconómico-obesidad.

Factores Psicosociales

La importancia de los cuidados en el estado nutricional es tan crucial que constituye una de las tres causas básicas de los problemas nutricionales. El término cuidados se refiere a la capacidad de la familia y de la comunidad para dedicar tiempo, atención, ayuda y conocimientos prácticos para cubrir las necesidades físicas, mentales y sociales de las personas nutricionalmente vulnerables, en particular los niños en crecimiento. Estos cuidados redundan en el uso óptimo de los recursos humanos, económicos y sociales. A pesar de que tanto las madres como su educación son el factor principal de los cuidados, es necesario el apoyo de toda la familia al ser ésta la unidad social económica de mayor responsabilidad para el bienestar nutricional; esto hace imprescindible considerar las funciones, conocimientos, limitaciones de tiempo, recursos y motivaciones de los miembros de la familia (Conferência Internacional sobre Nutrición, 1992).

Algunos estudios han mostrado que la existencia de un buen soporte social (indicado por el estado civil, por ejemplo) de la madre, o cuidador principal, tiene un efecto protector en relación a la obesidad en la infancia. Se piensa que el soporte social esté relacionado con el nivel socioeconómico de forma positiva. Así, los cuidados podrían estar mediando en la asociación nivel socioeconómico-obesidad. En general, han sido pocos los estudios desarrollados para evaluar la influencia de los cuidados infantiles en la obesidad adulta considerando también la importancia de factores sociales como el tamaño de la familia, la estructura familiar, el número de personas que viven en la misma casa, la higiene y la negligencia paterna (Parsons y col., 1999, p. S1).

Herencia

Cuando hablamos de herencia casi siempre nos concentramos en aspectos puramente genéticos y dejamos de un lado su aspecto social, sumamente importante en los análisis de desigualdad social en salud. La contribución relativa de los factores genéticos y de los estilos de vida heredados en la obesidad permanecen largamente desconocidos (Parsons y col., 1999, p. S1).

Es bien argumentado en la literatura el importante componente genético de la obesidad. Existe una asociación entre la obesidad de los padres y la obesidad de los hijos. Así mismo, estudios han mostrado que el nivel socioeconómico de los padres está relacionado con el de los hijos, indicando que hay cierta transmisión hereditaria de algunos factores (educacionales, actitudes y conocimientos sobre alimentación, imagen corporal, etc.) que pueden condicionar el nivel socioeconómico alcanzado por el individuo o ciertos atributos relacionados al mismo como el bienestar psicológico, social y material (Barker, 2004; Sobal y Stunkard, 1989, p. 260).

Parsons y colaboradores (1999), en revisión sistemática sobre los preeditores infantiles de la obesidad adulta colocan otros aspectos que también merecen ser destacados:

• Existe una fuerte y consistente relación entre el nivel socioeconómico en la infancia y el aumento de la adiposidad en la vida adulta;

• Existen evidencias sugestivas del efecto protector de la actividad física infantil y el riesgo de ser obeso cuando adulto;

• Existen evidencias claras sobre la influencia del sobrepeso al nacer en la adiposidad, siendo la consistencia menor cuando se trata la confusión por edad gestacional, adiposidad parental y grupo social.

Efectos de la Urbanización y de la Industrialización en los Estilos de Vida de las Poblaciones Rurales

Las presiones económicas y los incentivos que promueven la migración rural para áreas periféricas urbanas (más centros de salud, escuelas, canales de comunicación y más tiempo libre para actividades recreativas) determinan un mayor riesgo de obesidad. Por lo general, poblaciones que antes de migrar tenían actividad física con alto desgaste, asociada con la producción agrícola, se tornan poblaciones urbanas marginales con menos trabajo físico; dieta desequilibrada, rica en grasa, energía y bebidas adulzadas; mayor consumo de alcohol y estilo de vida sedentario. Con base en la hipótesis de que los seres humanos poseen tendencia natural a mantener el equilibrio energético, las alteraciones que promueven hábitos dietéticos inadecuados y que no estimulan la realización de actividad física aumentan el riesgo de obesidad y de otras enfermedades asociadas (Peña y Bacallao, 2006).

 

Conclusiones

• La obesidad es el resultado de la conjunción de factores biológicos, genéticos y ambientales, así como de los estilos de vida, sobre todo la inactividad física, el sedentarismo creciente y el desequilibrio entre las necesidades energéticas y la dieta.

• El estudio de tendencias de la prevalencia y diferencias sociales actuantes en la obesidad, muestran un progresivo y acelerado aumento.

• La tendencia de aumento de la obesidad puede ser justificada por toda una serie de cambios en el régimen alimentario (preferencias por alimentos procesados, pobres en fibras y con altos contenidos de carbohidratos simples y grasas saturadas), el patrón de trabajo, la actividad física y tipo de recreación.

• Muchas de las personas que experimentan estos cambios son emigrantes en busca de mejores condiciones de vida. La mayoría de ellos seguirán en ciertos grados de pobreza, dentro de la estructura social, en una situación de incapacidad económica para acceder a alimentos saludables.

• Existen evidencias científicas suficientes sobre la relación entre la obesidad y la situación socioeconómica. No obstante, es difícil establecer conclusiones definitivas, pues la asociación se muestra inconsistente en diferentes contextos, siendo necesario estudios para una mejor caracterización, si bien está claro que tanto factores biológicos como sociales y culturales influyen en la obesidad y en el nivel socioeconómico.

• El nivel socioeconómico condiciona la presencia de obesidad de forma independiente, tanto de factores genéticos como de factores ambientales, diferentes del nivel socioeconómico.

• Son varios los factores que ejercen cierta influencia en la relación nivel socioeconómico- obesidad. La mayoría de ellos son mediadores en dicha relación.

• Tanto la obesidad podría tener consecuencias sociales en el individuo, como el nivel socioeconómico podría condicionar la presencia de obesidad. Diversos factores, podrían mediar y complicar el establecimiento de una relación causal; el ejercicio físico, la dieta, los factores psicológicos, la herencia y los factores socioculturales podrían influir, de forma no bien conocida, en la asociación nivel socioeconómico-obesidad. Si la movilidad social es el factor más relevante, es la obesidad la que condicionaría la posición social del individuo.

• Los argumentos tratados en el artículo son suficientes para justificar la importancia del problema en Latinoamérica. De esta manera, debe representar un desafío, tanto para los investigadores como para aquellos que toman decisiones, entre otros actores, colocando la obesidad en condiciones de pobreza como una prioridad en sus agendas de trabajo.

• Los resultados sugieren la necesidad de estudios que posibiliten el conocimiento de las particularidades en el establecimiento de la situación socioeconómica como factor de exposición importante en el desarrollo de adiposidad.

• La asociación inversa entre el nivel socioeconómico y la obesidad se manifiesta de forma diferente dependiendo del desarrollo alcanzado. Es inadmisible continuar considerando que la obesidad en los países en desarrollo sea considerada una enfermedad apenas de los grupos de mayor nivel socioeconómico. Las minorías y aquellos estratos de la población con menor nivel educativo y socioeconómico pueden ser los más afectados por la obesidad en los países en desarrollo.

• Los resultados refuerzan la necesidad de prevenir la obesidad en los países subdesarrollados; aumentar el acceso a la información sobre alimentación y nutrición sobre los determinantes y consecuencias de la obesidad; implementar estrategias públicas que aborden el ambiente físico, económico y sociocultural, posibilitando una mejor alimentación y incorporación de la actividad física. El enfoque debe estar dirigido a todas las clases sociales, considerando de forma particular los grupos socioeconómicos más desfavorecidos.

Saude soc. vol.18 no.1 São Paulo enero/mar. 2009 Disponible en:

http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0104-12902009000100011&lng=es&nrm=iso

Por qué la gripe florece en invierno?


¿Por qué la gripe pega duro en el invierno y casi desaparece en el verano? Es una pregunta cuya respuesta ha generado muchas batallas durante décadas entre los epidemiólogos. Ahora, un nuevo estudio, podría tener la respuesta: los gérmenes de la influenza viven más tiempo y se pasan de persona en persona de forma más efectiva cuando la humedad es baja, o sea cuando hace frío y el aire está seco.

image Aquí ya habíamos visto también otra razón por la cual la gripe es más potente en invierno, pero en este nuevo estudio descubrió una conexión fuerte entre la baja humedad absoluta y la suba de la potencia del virus de la gripe.

“Las condiciones de la humedad absoluta explican la mayoría de los cambios”, dice Jeffrey Shaman, autor principal del estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Shaman se refiere al aumento de la gripe en invierno.

Loas autores sugieren que se aumente la humedad de edificios como hospitales y clínicas, para evitar que la gripe se expanda, ya que es en ese tipo de edificios donde más se suele esparcir.

Fuente: National Geographic.

La salud mental


Salud mental es:

Es algo que todos queremos para nosotros mismos, conozcamos su nombre o no. Cuando hablamos de felicidad, paz mental, gozo o satisfacción, usualmente estamos hablando de salud mental.

La salud mental está relacionada con la vida diaria de cada persona. Significa la forma de relacionarse – con sus familias, con sus compañeros, en sus comunidades, en la escuela, en el trabajo, en los juegos. Está relacionada con la forma en que cada persona armoniza sus deseos, ambiciones, habilidades, ideales, sentimientos y conciencia, con el fin de satisfacer las demandas de la vida. Tiene que ver con:

1. cómo te sientes contigo mismo
2. cómo te sientes con otras personas
3. cómo satisfaces las demandas de la vida

No existe una línea definida que divida la salud mental de la falta de ella, ya que hay diferentes grados de salud mental. Ninguna característica por sí misma puede ser tomada como evidencia de buena salud mental, ni la falta de una como evidencia de enfermedad mental; y nadie tiene rasgo de buena salud mental todo el tiempo.

Una forma de describir salud mental es describir personas mentalmente saludables. El solo conocer lo que salud mental es, no significa que puede ser mentalmente saludable, pero el saberlo puede ayudare a comprenderla.

1. Se siente bien con ellos mismos.

    No están sobrecargados con sus propias emociones – temores, angustia, amor, celos, culpabilidad o preocupaciones.
    Pueden manejar los disgustos de la vida rápidamente.
    Tienen una actitud tolerante y fácil de llevar hacia ellos mismos y hacia otros y pueden reírse de sí mismos.
    Nunca menosprecian ni sobreestiman sus habilidades.
    Pueden aceptar sus propias faltas.
    Se tienen respeto a sí mismos.
    Se sienten capaces de manejar la mayoría de las situaciones.
    Sienten placer en las cosas simples de cada día.

2. Se siente Confortables con otras personas.

    Son capaces de dar y recibir amor y de considerar los intereses de otras personas.
    Tienen relaciones personales satisfactorias y duraderas.
    Tienen simpatía con otras personas y confían en ellas y sienten que otros tienen los mismos sentimientos hacia ellos.
    Respetan las muchas diferencias que encuentran en las personas.
    Pueden sentirse parte de un grupo.
    Tienen un sentido de responsabilidad hacia el prójimo.

3.  Son capaces de satisfacer las demandas de la vida.

Resuelven sus problemas conforme se van presentando
Aceptan responsabilidades.
Adaptan su ambiente tanto como es posible; se ajustan a él siempre que es necesario.
Hacen planes por adelantado y no temen al futuro.
Aceptan gustosos nuevas experiencias e ideas.
Hacen uso de sus talentos.
Se ponen a sí mismos metas reales.
Son capaces de tomar sus propias decisiones.
Se sienten satisfechos en poner su máximo esfuerzo en lo que hacen.

como tener una vida mental mas sana


1. Estimese a sí mismo(a).
Lo importante son sus sentimientos para con usted mismo(a). Nadie puede ser querido o aprobado por todo el mundo y por todo lo que hace.

2. Acepte las cosas que no puede cambiar.
Si algo le resulta incómodo haga algo por cambiar; pero acepte que es imposible que todo sea como a usted le gustaría que fuera.

3. Acepte a los otros como son.
Pero no se niegue el derecho de poner límites y de no aceptar algunos comportamientos, vea las diferencias como una oportunidad de aprender.

4. Aceptese con sus limitaciones y con sus fortalezas.
Sea su propio juez; pero relaciónese con el mundo y con los demás usando sus cualidades más positivas.

5. Responsabilicese por sus sentimientos y por su comportamiento.
Acepte que su manera de ver las cosas es la causa de su felicidad o de su infelicidad. No atribuya a otros sus malestares, ni la causa de lo que usted hace o deja de hacer.

6. Confie en sus propias capacidades.
Para enfrentar las circunstancias difíciles, válgase por usted mismo(a), utilice todos sus recursos, incluyendo apoyo de otros(as).

7. Enfrente las dificultades haciendo algo.
Busque soluciones, si el problema sigue igual o empeora intente otras alternativas. A veces, hacer lo opuesto a lo que ha hecho, funciona.
Analice los costos y beneficios de cada decisión que intente tomar.
La preocupación es una emoción, no una solución.

8. Deje átras lo que le afecto fuertemente alguna vez.
No tiene por qué afectarlo ahora. Lo que pasó no tiene posibilidad de cambio, no lo use como excusa para justificar su comportamiento actual.
Viva aquí y ahora.
Trabaje por lo que quiere obtener hoy, no por lo que quizo haber tenido.

9. Vea en su trabajo una oportunidad de disfrutar y de desarrollar sus cualidades.
Una oportunidad de poder brindar a otros(as) lo que usted puede dar.

10. Controle sus emociones.
Ejercite su autocontrol. Utilice su inteligencia. Infórmese para poder decidir.
Acepte sus emociones, no permita que ellas controlen su vida.

Salud mental en el niño


El niño y el juego

¨El niño juega porque es niño y en el se forma el hombre del mañana¨
 

El juego es para el niño su vida y su trabajo. Es el instrumento por medio del cual se desarrolla física, mental y
emocionalmente.

Por qué juegan los niños?

Por placer: les gusta hacerlo, gozan con las experiencias físicas y emocionales del juego.
Para expresar todo lo que lo mueve consciente o inconscientemente, sentimientos positivos como negativos, expresan los  más profundo y oculto de su alma.

Para adquirir confianza en sí mismos, desarrollar su personalidad, comprender el mundo que les rodea.
Para establecer contactos sociales: adquieren hábitos sociales, transmiten ideas, son capaces de crear reglas, normas y  respetarlas. A través del juego el niño hace amigos y se da cuenta de que sus compañeros tienen cualidades semejantes a  las de él, al igual que poseen otras diferentes.

Para comunicarse con la gente: comúnmente utiliza la comunicación no verbal, mediante juegos como: ¨la sortija¨, en donde  ponerle a otro niño en la mano podría significar ¨me resultas simpático¨.

Para desarrollar su creatividad, su imaginación. En el juego el niño representa situaciones de la vida real, adopta diversos  papeles: imita a sus papás, familiares, maestros, vecinos y personifica a los animales o cosas.

Para favorecer su desarrollo físico y liberar energía: corriendo, trepando, saltando, cantando…

En el juego el niño aprende:

A jugar
A comunicarse con otros niños
A defenderse
A respetar
A ser creativo
A sentirse confiado y seguro
A ser ganador y perdedor

Lo importante es el juego no el juguete. Este no debe ser caro ni complicado. La cajitas vacías, los envases de plástico pequeños, los tuquitos de madera, la plasticina son los mejores juguetes que el niño puede tener porque le ayudarán a desarrollar su imaginación y su creatividad.

Permítale jugar con tierra, piedras, conchas, agua, etc., esto le ayudará a tener un mejor contacto con el mundo que le rodea.

Recuerde:

Los niños necesitan saber y sentir que son amados, ¿por qué no se lo demuestra?. Juegue con ellos al escondido, a hacer  tortillitas, baile y cante con ellos, ría, hágales sentir su cariño.

El niño que juega será un adulto seguro de sí mismo y capaz de amar.

¨El juego es la prueba continua de la capacidad creadora, que significa estar vivo¨.

La obesidad y su tratamiento


La obesidad es la enfermedad en la cual las reservas naturales de energía, almacenadas en el tejido adiposo de los humanos y otros mamíferos, se incrementa hasta un punto donde está asociado con ciertas condiciones de salud o un incremento de la mortalidad. Está caracterizada por un índice de masa corporal o IMC aumentado (mayor o igual a 24 kg/m2)o por perímetro abdominal aumentado en hombres mayor o igual a 102cm y en mujeres mayor o igual a 88 cm. Forma parte del síndrome metabólico. Es un factor de riesgo conocido para enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas, diabetes, hipertensión arterial, ictus y algunas formas de cáncer. La evidencia sugiere que se trata de una enfermedad con origen multifactorial: genético, ambiental, psicológico entre otros. Se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el cuerpo, hipertrofia general del tejido adiposo.

Es una enfermedad crónica originada por muchas causas y con numerosas complicaciones, la obesidad se caracteriza por el exceso de grasa en el organismo y se presenta cuando el índice de masa corporal en el adulto es mayor de 30 kg/m² según la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Anteriormente se consideraba a la persona con sobrepeso como una persona que gozaba de buena salud, sin embargo ahora se sabe que la obesidad tiene múltiples consecuencias negativas en salud. Actualmente se acepta que la obesidad es factor causal de otras enfermedades como lo son los padecimientos cardiovasculares, dermatológicos, gastrointestinales, diabéticos, osteoarticulares, etc.

El primer paso para saber si existe obesidad o no, es conocer el índice de masa corporal (IMC), lo que se obtiene haciendo un cálculo entre la estatura y el peso del individuo y éste elevado al cuadrado.

Aunque la obesidad es una condición clínica individual se ha convertido en un serio problema de salud pública que va en aumento: se ha visto que el peso corporal excesivo predispone para varias enfermedades, particularmente enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2, apnea del sueño y osteoartritis.

Tratamiento

Es necesario tratar adecuadamente las enfermedades subyacentes, si existen. A partir de aquí depende de buscar el equilibrio, mediante ajustes en la dieta. La dieta debe ser adecuada a la actividad necesaria, por ello una dieta muy intensiva en personas muy activas es contraproducente. Debe de tenderse a realizar dietas más suaves y mantenidas. Una vez alcanzado el peso ideal, lo ideal es mantenerlo con un adecuado programa de ejercicios y alimentación que sobre todo permitan no volver a recuperar la grasa y el peso perdido.

El principal tratamiento para la obesidad, es reducir la grasa corporal comiendo menos calorías y ejercitándose más. En efecto colateral beneficioso del ejercicio es que incrementa la fuerza de los músculos, los tendones y los ligamentos, lo cual ayuda a prevenir injurias provenientes de accidentes y actividad vigorosa. Los programas de dieta y ejercicios producen una pérdida de peso promedio de aproximadamente 8% del total de la masa corporal (excluyendo los sujetos que abandonaron el programa). No todos los que hacen dieta están satisfechos con estos resultados, pero una pérdida de masa corporal tan pequeña como 5% puede representar grandes beneficios en la salud.

Mucho más difícil que reducir la grasa corporal es tratar de mantenerla fuera acontecida 80 a 90% de aquellos que tienen 10% o más que su masa corporal a través de la dieta vuelven a ganar todo el peso entre dos y cinco años. El organismo tiene sistemas que mantienen su homeostasis a cierto nivel, incluyendo el peso corporal. Por lo tanto, mantener el peso perdido generalmente requiere que hacer ejercicio y comer adecuadamente sea una parte permanente del estilo de vida de las personas. Ciertos nutrientes, tales como la fenilalanina, son supresores naturales del apetito lo cual permite resetear el nivel establecido del peso corporal

Protocolos clínicos

En una guía de práctica clínica por el colegio americano de médicos, son hechas las siguientes cinco recomendaciones:

  1. Las personas con un índice de masa corporal mayor de 30 deberían recibir consejo sobre dieta, ejercicio y otros factores del comportamiento relevante que ser intervenidos y establecer una meta realista para la pérdida de peso.
  2. Si esta meta no es conseguida, la fármacoterapia debe ser ofrecida. Los pacientes necesitan ser informados de la posibilidad de efectos secundarios y de la ausencia de información acerca de la seguridad y eficacia a largo plazo.
  3. La terapia con drogas puede consistir de sibutramina, orlistat, fentermina, dietilpropiona, fluoxetina, y bupropiona. Para los casos más severos de obesidad, drogas más fuertes tales como anfetaminas y metanfetaminas puede ser usadas de forma selectiva. La herencia no es suficiente para recomendar sertralina, topiramato o zonisamida.
  4. En pacientes con IMC mayor de 40 que fallen en alcanzar su meta en pérdida de peso (con o sin medicación) y quienes desarrollan complicaciones relacionadas con obesidad, puede estar indicada la referencia a cirugía bariátrica. Los pacientes deben ser advertidos de las complicaciones potenciales.
  5. Aquellas que requieran cirugía bariátrica deberán ser referidos a centros de referencia de alto volumen, pues como sugiere la evidencia no cirujanos quienes realizan frecuentemente estos procedimientos tienen menos complicaciones.

Una guía para la práctica clínica por la US Preventive Services Task Force (USPSTF), concluyó que la evidencia es insuficiente para hacer una recomendar a favor o en contra del consejo rutinario sobre conducta para promover una dieta saludable en pacientes no seleccionados en establecimientos de atención primaria, sin embargo este consejo intensivo acerca de la conducta dietaria está recomendado en aquellos pacientes con hiperlipidemia y otros factores de riesgo conocidos para enfermedades cardiovasculares y enfermedades crónicas relacionadas. El consejo puede ser llevado a cabo por clínicos de atención primaria o por referencia a otros especialistas tales como nutricionistas o dietistas.

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Siempre es bueno recordar cuáles son los puntos básicos a tener en cuenta en nuestro diario vivir para que nuestra salud sea lo más óptima posible. Desde nuestras comidas a hábitos de vida generales podemos hacer mucho por una mejor salud o, de lo contrario, por una salud más debilitada.

Recordemos entonces cuáles son estas reglas básicas para un buen vivir:

1- Ten presente que tú dieta diaria sea lo más variada posible: incorpora no sólo los macronutrientes necesarios, sino también los micronutrientes.

2- En especial, asegúrate que contenga frutas y verduras, cereales y legumbres.

3- Los lácteos también son esenciales por el calcio, opta por variedades desnatadas o semidesnatadas.

4- Recuerda: las grasas no deberían superar el 30 al 35 por ciento de las calorías totales ingeridas.

5- Las grasas saturadas, por su parte, no deben superar el 10 por ciento del total de los lípidos.

6- A la hora de elegir lípidos, opta por el aceite vegetal, y en especial, por el de oliva virgen.

7- Otro punto a considerar: consume alimentos ricos en ácidos grasos omega 3 (pescados azules, salmón, trucha y frutos secos como las nueces, entre otros).

8- Con respecto al consumo de proteínas, también debe ser moderado (busca también otras fuentes de este macronutriente además de la carne).

9- Consume, dentro de lo posible, más pescados y carnes blancas (en lugar de carnes rojas).

10- Bebe suficiente agua al día (al menos, de 1,5 a 2 litros).

11- Realiza actividad física diariamente. En este punto, recuerda que vayas o no vayas al gimnasio, o practiques o no algún deporte en especial, necesario es, cuanto menos, caminar (con una media hora diaria ya estarás sumando puntos para tu salud cardiovascular).

12- Procura no beber alcohol y no fumes.

 Mas informacion :  http://www.vitadelia.com/alimentacion-y-nutricion

DoRmIr pArA vIvIr máS!!!! :D


Existen estudios que apuntan a una relación directa entre la cantidad y la calidad de horas de sueño de un individuo con su esperanza de vida. Cuanto mejor descansa y duerme una persona, mayores probabilidades tiene de disfrutar de una vida longeva.

El sueño es un estado fisiológico en el que nos sumimos para reponer la energía consumida durante una jornada de actividad. Mientras dormimos producimos una mayor cantidad de hormonas del crecimiento, que son las que permiten la fabricación de proteínas esenciales para la regeneración celular.

No cumplir con un promedio de sueño de entre siete y ocho horas diarias, nos expone a trastornos y molestias. Algunos de los síntomas de un inadecuado descanso van desde una tendencia a sentir frío o notar una disminución de la memoria, hasta pasar por ciclos de somnolencia durante el día y sufrir continuos estados de alerta.

LAS EDADES DEL SUEÑO

A medida que vamos cumpliendo años, tenemos unas necesidades de descanso diferentes. Pasamos de dormir 23 horas, durante los primeros días de vida a tener suficiente con 5 ó 6 horas en la edad adulta.

Aunque cada persona es diferente, en general, los bebés necesitan dormir 17 horas diarias; los niños, alrededor de 10 horas; los adultos, 8; y las personas mayores, entre 5 y 6 horas.

RITUAL PARA DORMIR BIEN
Hay una serie de pautas que conviene seguir a diario para conciliar mejor el sueño y tener un descanso reparador:

Conviene acostarse cada día dentro de la misma franja horaria.

La temperatura de la habitación debe estar entre los 27 y 28ºC.

Favorece el sueño crear un entorno agradable: ventilar la habitación, estar a oscuras y en silencio prolongado.

Tomar una cena ligera.

Prefieren la muerte antes que el sobrepeso; Anorexia Nerviosa un trastorno de la alimentación


¿Qué es la anorexia nerviosa?

La anorexia nerviosa es un desorden alimenticio que amenaza contra la vida y es caracterizada por la privación de comer y por la pérdida excesiva de peso. El desorden es diagnosticado cuando una persona pesa por lo menos el 15 por ciento menos del peso normal de su cuerpo. La pérdida de peso extrema en las personas con anorexia nerviosa puede conducir a problemas peligrosos de salud e inclusive a la muerte.   

El término anorexia significa literalmente “pérdida del apetito;” sin embargo, esta definición es engañosa ya que las personas con anorexia nerviosa con frecuencia tienen hambre pero, de todos modos, rechazan la comida. Las personas con anorexia nerviosa tienen intensos temores a engordar y se veen así mismos gordos inclusive cuando están muy delgados. Estos individuos pueden tratar de corregir esta percibida “imperfección” limitándo el ingerimiento de la comida de manera estricta y haciendo excesivo ejercicio con la finalidad de perder peso.

¿A quiénes les da anorexia nerviosa?

Las personas con anorexia nerviosa tienden a ser personas que obtienen altos logros y se desempeñan muy bien en la escuela, los deportes, el trabajo y en otras actividades. Ellos podrían dejar de comer para sentir que tienen control sobre alguna parte de sus vidas o podrían rechazar la comida para “revelarse” en contra de sus seres queridos. La anorexia nerviosa empieza usualmente alrededor de la pubertad pero puede desarrollarse en cualquier momento.

Los desórdenes alimenticios son más comunes en las mujeres que en los hombres. El riesgo de desarrollar un desorden alimenticio es más grande en actores, modelos, bailarines y atletas de deportes en los que la apariencia y/o el peso son importantes, como por ejemplo lucha libre, gimnasia y patinaje sobre hielo.

¿Qué causa anorexia nerviosa?

La causa exacta de la anorexia nerviosa no es conocida pero las investigaciones sugieren que una combinación de ciertos razgos de la personalidad, patrones emocionales y de pensamientos, así como factores biológicos y ambientales podrían ser los responsables.

Las personas con anorexia nerviosa, con frecuencia, usan la comida como una manera de ganar un sentido de control cuando otras áreas de sus vidas están bajo mucho estrés o cuando se sienten abrumados. Los sentimientos de incompetencia, baja auto estima, ansiedad, rabia o soledad también podrían contribuir al desarrollo de este desorden. Adicionalmente, las personas con desórdenes alimenticios podrían tener relaciones problemáticas o tener una historia de haber sufrido burlas respecto a su tamaño o peso. La presión de los amigos y una sociedad que identifica la esbeltez y la apariencia física con la belleza también puede tener un impacto en el desarrollo de la anorexia nerviosa.

Los desórdenes alimenticios también podrían tener causas físicas. Los cambios en las hormonas que controlan la manera como el cuerpo y la mente mantienen el humor, el apetito, los pensamientos y la memoria, podrían fomentar los desórdenes alimenticios. El hecho que la anorexia nerviosa tienda a correr en las familias también sugiere que la susceptibilidad a este desorden podría ser heredada.

¿Cómo se diagnostica la anorexia nerviosa?

Identificar la anorexia nerviosa puede ser un desafío. El secreto, la verguenza y la negación son las características de este desorden. Como resultado la enfermedad puede avanzar sin ser detectada por largos períodos de tiempo.

Si se presentan síntomas, el doctor empezará una evaluación realizando una historia médica completa y un examen físico. Aunque no existen pruebas de laboratorio para diagnosticar específicamente la anorexia nerviosa, el doctor podría usar varias pruebas de diagnóstico, tales como, los rayos X y las pruebas de sangre para descartar la enfermedad física como la causa de la pérdida de peso así como para evaluar los efectos de la perdida de peso en los órganos del cuerpo.

Si no se encuentra ninguna enfermedad física, la persona podría ser referida a un psiquiatra o psicólogo que son profesionales del cuidado de la salud quienes están especialmente entrenados para diagnosticar y tratar las enfermedades mentales. Los psiquiatras y los psicólogos pueden usar herramientas de evaluación y una entrevista especialmente diseñada para evaluar a una persona que tiene un desorden alimenticio.

¿Cuáles son los síntomas de la anorexia nerviosa?

  • Rápida pérdida de peso a lo largo de varias semanas o meses
  • Continuar haciendo dieta a pesar de estar delgado o con el peso muy bajo
  • Tener un interés inusual en la comida, las calorías, la nutrición o en cocinar
  • Temor intenso a subir de peso
  • Extraños hábitos o rutinas alimenticias, como por ejemplo, comer en secreto
  • Sentirse gordo incluso cuando se tiene bajo peso
  • Inhabilidad de calcular realísticamente el peso de su propio cuerpo
  • Esforzarse por lograr la perfección y ser muy autocrítico
  • Excesiva influencia del peso y forma del cuerpo en el autoestima de la persona
  • Depresión, ansiedad o irritabilidad
  • En las mujeres, períodos menstruales infrecuentes o irregulares
  • Usos de laxantes, diuréticos o píldoras para dieta
  • Enfermedades frecuentes
  • Usar ropa suelta para esconder la pérdida de peso
  • Hacer ejercicios compulsivamente
  • Sentir que uno no vale la pena o sentirse sin esperanzas
  • Retiramiento social
  • Los síntomas físicos que se desarrollan a lo largo del tiempo, incluyen: poca tolerancia al clima frío, cabello y uñas quebradizas, piel seca o amarillenta, anemia, estreñimiento, articulaciones hinchadas y un crecimiento de nuevo pelo fino sobre el cuerpo
   

¿Cómo se trata la anorexia nerviosa?

El tratamiento de la anorexia nerviosa es un desafío porque la mayoría de las personas que tienen este desorden niegan que tienen un problema. Así como todos los desórdenes alimenticios, la anorexia nerviosa requiere un plan de tratamiento integral que es adaptado para cubrir las necesidades de cada paciente. Las metas del tratamiento incluyen devolverle a la persona un peso saludable, tratar problemas emocionales tales como la baja autoestima, corregir patrones de pensamiento distorcionados y desarrollar cambios de conducta a largo plazo. El tratamiento con mayor frecuencia involucra una combinación de las siguientes estrategias:

Psicoterapia  Este es un tipo de consejería individual que se enfoca en cambiar el pensamiento (terapia cognitiva) y la conducta (terapia conductual) de una persona con un problema alimenticio. El tratamiento incluye técnicas practicas para desarrollar actitudes saludables hacia la comida y el peso, así como un aproximamiento para cambiar la manera como una persona responde a situaciones difíciles.

Medicación Ciertas medicinas antidepresivas llamadas inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (SSRIs) podrían ser usadas para ayudar a controlar la ansiedad y la depresión asociadas con un desorden alimenticio.

Orientación de Nutrición Esta estrategia es diseñada para enseñar un enfoque saludable a la comida y al peso, para ayudar a restablecer patrones normales de alimentación y para enseñar la importancia de la nutrición y una dieta balanceada.

Terapia de grupo y/o de familia  El apoyo de la familia es muy importante para el éxito del tratamiento. Es importante que los miembros de la familia entiendan el desorden alimenticio y reconozcan sus señales y síntomas. Las personas con desórdenes alimenticios podrían beneficiarse con la terapia de grupo ya que pueden encontrar apoyo y podrán discutir abiertamente sus sentimientos y preocupaciones con otros que comparten experiencias y problemas comunes.

Hospitalización  La hospitalización podría ser necesaria para tratar la pérdida de peso severa que ha dado como resultado la desnutrición y otras serias complicaciones de salud mental y física, tales como los desórdenes cardíacos, depresión seria y el riesgo de suicidio. En caso de desnutrición severa se podrían necesitar; fluídos intravenosos (en la vena), la alimentación a través de una sonda nasogástrica o una solución total nutricional parenteral (TPN). La TPN es usada por pacientes que no pueden o no deben obtener su nutrición comiendo.

¿Cuáles son las complicaciones de la anorexia nerviosa?

Si no es tratada, la anorexia nerviosa puede conducir a:

  • Organos dañados, especialmente el corazón, el cerebro y los riñones
  • Caída en la presión sanguínea, el pulso y el ritmo respiratorio
  • Cabellos y uñas quebradizas
  • Temperatura del cuerpo baja
  • Sensibilidad al frío
  • Pérdida de cabello
  • Afinamiento del pelo corporal
  • Látidos irregulares del corazón
  • Adelgazamiento de los huesos (osteoporosis)
  • Muerte por dejarse pasar hambre o suicidio
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¿Cuál es la perspectiva para las personas con anorexia nerviosa?

Así como los otros desórdenes alimenticios, la anorexia nerviosa se empeora cuanto más tiempo pase sin ser tratada. Cuanto más pronto este desorden sea diagnosticado y tratado, mejor será el resultado. La anorexia nerviosa puede ser tratada permitiendo que la persona regrese a un peso saludable; sin embargo, las personas con anorexia nerviosa con frecuencia no admitirán que tienen un problema y podrían resistir el tratamiento o rechazar seguir el plan de tratamiento.

Aunque el tratamiento es posible, el riesgo de recaída es alta. El recuperamiento de la anorexia usualmente requiere un tratamiento a largo plazo así como también un compromiso fuerte departe del individuo.

El apoyo de los miembros de la familia y otros seres queridos pueden ayudar a asegurar que la persona reciba el tratamiento necesario.

¿La anorexia nerviosa puede ser prevenida?

Aunque podría no ser posible prevenir todos los casos de anorexia nerviosa, ayuda mucho empezar el tratamiento en las personas tan pronto como empiecen a tener síntomas. Adicionalmente, enseñar y motivar a hábitos alimenticios saludables y a tener una actitud realista acerca de la comida y la imagen del cuerpo podrían ayudar en la prevención del desarrollo o empeoramiento de los desórdenes alimenticios.

¿Cuándo debo buscar ayuda?

Si se presenta una enfermedad física seria (como el bajar mucho de peso) la persona debe buscar pronta atención médica; sin embargo, los desórdenes alimenticios no dependen necesariamente del peso de una persona. Si sospechas que tú o alguien que conoces tiene un desorden alimenticio, busca ayuda inmediatamente. Los desórdenes alimenticios pueden volverse más peligrosos cuanto más tiempo pasen sin ser tratados. En casos severos, los desórdenes alimenticios pueden ser fatales.

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